domingo, 21 de febrero de 2021

 Crónicas y Leyendas de Acanceh

Antes los caminos no estaban tan transitados como ahora, recuerdo el sinuoso camino hacia Mérida en donde cruzábamos todas las “fincas” o comisarías hasta llegar al pueblo o “ciudad” de los “cheles” de Kanasín. Mi padre hace muchas décadas aproximadamente una tres , trabajaba para las misiones culturales y muy de madrugada viajaba hacia el estado de Quintana Roo, solo acompañado de su viejo estéreo viajaba por la madrugada en carreteras solitarias, esta historia me la contaba mi madre siempre en épocas como estas , y que mi padre mismo al retorno un mes después le habla platicado, no sin antes enfatizarle que lo que le iba a contar fue completamente verídico y que si no le daba la credibilidad la disculpaba completamente.

   Era como las tres de la mañana con neblina leve y con algo de fresco, otoño es el mes perfecto para épocas sombrías, de lunas hermosas  y solitarias para narrar una historia como esta, tomé un camino de terracería para llegar a mi destino la visibilidad no era clara pero tampoco demasiada oscura como para dejar ver el follaje y los árboles que no alumbraban las lámparas de la camioneta, de pronto a veinte metros de mi vehículo vi una sombra que al irme acercando se hacía más clara, demonios, exclamé, Era una mujer de piel pálida completamente desnuda que caminaba en sentido contrario del que yo transitaba que si me espanté claro que sí, acelere instintivamente y alcance a observar su mirada seca, fría, seria, con unos ojos muy profundos, de cabellera larga que le pasaba la cintura iba completamente desnuda y descalza, calcule haberla pasado y haber dejado unos 10 metros atrás aquella aparición, frenando intempestivamente y mirando por mis espejos hacia atrás no encontré absolutamente nada, nada, baje el vidrio del costado donde conducía y sentí un viento helado, con una ambiente enrarecido, muy extraño, continúe mi marcha encomendándome a mis creencias y tratando de olvidar aquella aparición tenebrosa. Al llegar a mi destino les comenté a dos compañeros lo que me había sucedido, pero era obvio, no me creyeron, solo porque sabían que yo no probaba alcohol, ya iban a comentar que andaba yo pasado de copas.

   Esta historia me la contó mi madre hace muchos años…

 

Adaptación uuyumil 2016.

 

 

Crónicas de Uuyumil, Santiago de Querétaro, Querétaro, México.2016

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